martes 6 de julio de 2010

Spider, man.

Había una araña muy grande. Ahora ya no está, pero la mancha que ha quedado es todavía más grande. Y es que tiendo a no quedarme tranquila si mato un insecto rociándolo con insecticida. Si no hay zapato de por medio, seguro que revive, como el malo en todas las películas de tontos.

La cosa es que pasan ya de las 3.30 de la madrugada. Si ya tenía poco sueño, ahora lo que tengo es un chascarrillo, un chiste, de algo parecido al sueño. Y me pican las piernas, y la nariz.

También es que estoy en un momento raro-malo, y a ratos fantástico -pocos ratos, dicho sea de paso. Y vuelvo a la historia de siempre, a querer una vidita pequeña con la felicidad justa, la que además está libre de toda euforia. Creo que debe ser la mejor, la felicidad templada. Tiene pinta de ser la que más dura, digo yo. O por lo menos la que menos se nota si se va.

Pero son las 3.30 y plantearse felicidades es un recurso tan poco efectivo para atraer al sueño como contar ovejas. Y encima las felicidades no van envueltas en lana mullidica, ni hacen "beee" ni mascan hierba.

Y hablando de mascar hierba; ¿qué habrá sido de Bonnie Prince? Hace bastante que no sé nada de él. Supongo que la vida allá no habrá cambiado mucho con mi marcha, y es que es lo que tiene haber aprendido a caminar sin apenas hacer ruido: que dejas poquica huella. Y que cuando te acercas a alguien por detrás se asusta, porque no te ha oido venir, pero eso es otro asunto.

No estaría mal, en otro orden de cosas, escribir un texto sobre algo en concreto alguna vez. Que vomitar tonterías está muy bien, que queda resulton espetarle a la gente en la cara tres tonterías a la vez sin decir nada realmente, pero no es el día, que había una araña muy grande.

Pero la hostia de grande, ¿eh?

(Por cierto, ¡hola!)

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