domingo 8 de noviembre de 2009

There's no worries now.

Lo intento, pero no. Estoy bastante seca de ideas.



Pero siempre está bien hacer una oda al buen dormir. Jiji.

martes 3 de noviembre de 2009

Andmoreagain.

Tengo un abuelo.

Aunque ya tuve dos. A uno no llegué a conocerlo porque murió muchos (muchos, muchos) años antes de que yo naciera. Al otro no llegué a conocerlo porque aunque lo veía una semana casi cada año, era pequeña cuando se fue. Así que no, no llegué a conocerlo.

Esta noche ando desvelada (como la noche anterior, como la otra noche anterior, o como la noche anterior de más allá), y en la última oportunidad que le he dado a la tele me he topado con un documental sobre una pareja de abuelos franceses. Ella con miedo a todo, a salir lejos de su casa, al calor y a la lluvia. Le molestan los respaldos de los asientos de su casa, y sólo está cómoda en los sillones de la peluquería. Por otro lado, él era músico, violinista para más señas, y ahora es sordo. Y lo que siempre ha querido hacer es ir a Marruecos.

Como quien hace un último regalo, uno de sus nietos ha cogido una cámara y su coche, y se lo ha llevado hasta allí, grabando hasta la más mínima tontería. Curioso y encantador que el señor de 91 años sonriera hasta pagando en los peajes. No sabía que los yayos pudieran ser tan felices, porque por mi experiencia, más que otra cosa, los he visto llorar.

El caso es que en quince minutos he decidido que ese iba a ser mi tercer abuelo, el de la francia campestre, el de las fotos antiguas llenas de caca de mosca, el perro pachón en forma de anciano; el que ya no se muere. Porque después de haber tomado dicha decisión, también he decidido dejar de verlo, porque así sé que al final no muere. O mejor dicho: así no sé que al final muere.

En otro orden de cosas, le he dicho a mi madre que quiero ir al cementerio a ver a mi abuela. Después de dos años aún no he ido. Y me parece que no, que no voy a ir.

Sé que este rollo sensiblero es vomitivo (y más cuando me prometí a mí misma no hacer este tipo de cosas), casi tanto como hacerse una foto en el baño de casa en plano picado para enseñar ojos y entreteto, pero qué queréis, el síndrome premenstrual me está tocando los cojones a dos manos. Si a eso le mezclas el puñetero desvelo que llevo encima...

No podían dar concursos de saltos de motos, no. Me cago en la mar salá.

Pero acabaremos bien la noche (a las 5 de la mañana; ¡viva y bravo!). La canción del dia, majetes.

http://www.goear.com/listen/19c2459/andmoreagain-love

lunes 26 de octubre de 2009

El frotar se va a acabar.

No tengo a mano (ni a maquina) ni boli ni papel, así que con el permiso de los tres pares de ojos que de vez en cuando se despistan y caen aquí (hola, majos) voy a hacer una lista de las cosas que tendría que hacer hoy. Aunque ya sean las siete, y sea noche cerrada.

-Tengo que recoger la ropa limpia.
-Tengo que recoger la ropa no tan limpia.
-Tengo que hacer una colada de la ropa definitivamente no-limpia (y tenderla, claro).
-Tengo que limpiar la cocina (si no quiero que lo que he soñado hoy se haga realidad).
-Tengo que recoger el salón.
-Tengo que dejar que el hamster pasee por mi tripa un rato. Y darle pipas si se portar bien y no muerde los barrotes.
-Tengo que meterle mano a la guitarra hasta que cruja.
-Tengo que dibujar perretes.
-Tengo que tener ganas de hacer por lo menos el 20% de estas cosas.

Y creo que no.

He soñado que tenía que redactar crónicas deportivas mientras escuchaba a Iñaki Gabilondo ocupar el hueco que ha dejado en nuestros corazones Andrés Montes. Sí, yo también lo amaba, qué pasa. También he soñado con insectos de patas espinadas. Que crujían mucho al ser aplastados. Y pese a todo, no se morían (los muy cabrones).

Joder, qué espesura la de hoy.

(Tampoco estaría mal escribir algo casi decente aquí, por primera vez en años.)

(Suerte de aquel que me hizo una lista de reproducción de canciones para no morir mientras se hacen las tareas del hogar. Muá, bonico.)

jueves 22 de octubre de 2009

What a way to start a fire.



Si yo cantara así (como ella, como él, tanto da), qué diferente seria todo. Para empezar, no saldría de la cama a las 7.30. De la tarde, claro.

Buenos días.

domingo 18 de octubre de 2009

Mis huesos son para ti.

Aunque a veces pueda beber hasta estrellarme, y aunque también un día pudiera arruinarme el cuerpo y la vida, has de saber que mis huesos son para ti, mis huesos son para ti, para ti.


Días tontos los tenemos todos. Canciones que nos ponen tontos, también.
Tendría que dormir más (y mejor) ahora que por fin vuelvo a estar en mi casa, pero parece que no, que son las 4.30 de la madrugada y los ojos están tan abiertos como hace quince horas. Pensaré en mi lugar feliz. O en Sufjan Stevens, que me parece aún mejor. Oh, Sufjan, llévame a Chicago contigo, where all things go, all things go.

( Manolo, mañana vas a tener que disculpar mi mal aspecto, entre otras cosas.)

viernes 16 de octubre de 2009

Y no acabó en el décimo asalto.

Tengo un resfriado de diez pares de narices congestionadas. Esto ha provocado que lleve todo el día metida en la cama viendo películas: Lolita (la buena, la de Kubrick), La Reina Victoria (oh, príncipe Alberto), Taxi Driver (¿hablas conmigo?), El club de los cinco (lo mal que ha envejecido Judd Nelson, pero lo feliz que hubiese sido pillándolo en sus tiempos), Rocky Balboa (¡aplauso merecido a rabiar!) y para rematar la jugada, una de Van Damme, (qué bien se le da a hacer de tonto). ¿Se puede pedir más? Juro que sí, que se puede. Pasa que sé que no voy a conseguir nada a estas alturas del día (las buenas compañías se esfuman los viernes por la noche, y no vuelven a aparecer hasta el lunes).

Además, de no haber estado enferma, el plan sería exactamente el mismo, pero en lugar de cama, sofá, y con mi madre al lado. Y en lugar de la peli de Van Damme, estaría viendo Sálvame Deluxe.

Que estoy de bastante mala leche, vaya.

jueves 15 de octubre de 2009

Agnes, queen of sorrow.

La vida al lado de Bonnie Prince podría decirse que resulta sencilla. Él se levanta temprano para peinarse el bigote de un modo lento y ceremonioso, y durante ese tiempo, yo aprovecho para dormir en el centro de la cama, buscando el lado fresquito de las sábanas. Después, mientras él quita el polvo de sus guitarras, yo miro cómo el gato admira su propio sabor a gato, mientras se lame los pies una y otra vez. Los bizcochos suben en el horno, y los pies se tapan con gruesos calcetines de lana que se enganchan en la madera del suelo. Y en la madera de las paredes, si me apuras. Y está bien eso de vivir a pie de tierra, sin tener gente arriba, ni tampoco gente abajo. Abajo sólo bichos. Bichitos y cesped y plantas, y mala hierba y hierbabuena.

Bonnie Prince siempre está triste, así, por naturaleza. Eso es medio bueno, porque así parece que yo siempre esté alegre, aunque no lo esté. Pero nunca, en ningún caso, estoy tan triste como él. Será que yo no me llamo Agnes (queen of sorrow).

Cuando salimos al a calle se cubre la cabeza con una gorra horrorosa, a juego con el resto de gorras horrorosas que se ven por las calles de Louiseville. Y canturrea.

Entonces yo pienso: la puta, qué tio más raro este Bonnie Prince. Pero qué bien se vive en el corazón de Kentucky, y lo que me llego a aburrir en Barcelona las tardes que llueve y no llueve.

Voy a por una cerveza y unas patatas.